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Filmar un entrenamiento, no un partido

El vídeo de entrenamiento sirve para corregir un gesto mientras el jugador todavía puede repetirlo.

· 5 min de lectura

Entrenador enseñando una secuencia de vídeo en su teléfono a un jugador, en el campo

Casi todo lo que se escribe sobre la grabación deportiva habla del partido: plano abierto, altura, análisis el lunes. Aplicado al entrenamiento, ese modelo produce dos horas de vídeo que nadie vuelve a abrir. La sesión pide la lógica inversa: más cerca, más corto y una revisión inmediata.

La única ventaja real: el jugador sigue ahí

Un partido filmado se ve más tarde, cuando la situación ha desaparecido. En el entrenamiento, el jugador que acaba de fallar su control está a diez metros, equipado, con un balón. Enseñarle la secuencia en el minuto siguiente y hacerle repetir el gesto es la única situación en la que el vídeo produce una corrección observable el mismo día.

Todo lo demás se deriva de ahí: si la revisión no es inmediata, filmar un entrenamiento casi no tiene interés frente a filmar un partido.

Filmar tres ejercicios, no la sesión

El error clásico es dejar el teléfono al borde del campo y dejarlo grabar noventa minutos. Se obtiene un archivo enorme, dominado por tiempos muertos, consignas y desplazamientos, en el que los veinte segundos útiles son imposibles de encontrar.

Un método que funciona: elegir tres momentos decididos de antemano y filmar solo esos.

  • Un gesto repetido: golpeo, saque de banda, servicio, tiro en suspensión. Es lo que mejor muestra el vídeo, y a menudo la única manera de hacer admitir un defecto a un jugador convencido de que lo hace de otro modo.
  • Una situación de oposición reducida, dos contra dos o tres contra tres. Lo bastante pequeña para caber en el encuadre, lo bastante rica para mostrar una decisión.
  • Una jugada a balón parado, si trabajas alguna. Es el terreno donde la colocación se corrige al metro, y donde el vídeo sustituye con provecho diez minutos de explicación.

Veinte o treinta segundos por secuencia bastan. Más allá, se está filmando espera.

Más cerca, menos alto

En un partido, la altura lo manda todo porque se quieren leer distancias entre líneas. En un ejercicio, se quiere ver un apoyo, una orientación del hombro, un tiempo de reacción: un teléfono a la altura de una persona, a diez o quince metros, funciona mejor que un mástil de cinco metros. Basta un simple pie de un metro, con la ventaja decisiva de que se mueve en unos segundos de un ejercicio a otro.

Colócate de tres cuartos en lugar de de frente o de perfil completo: es el ángulo que muestra a la vez lo que hace el jugador y lo que mira.

La revisión al jugador: quince segundos, una sola consigna

El momento de la revisión es el que más se falla. Tres reglas, aprendidas fallándolo:

  1. Una sola consigna por secuencia. El jugador no retiene tres correcciones y no aplica ninguna. Elige la que importa y deja las otras dos.
  2. Individualmente, no delante del grupo. Un error mostrado a doce compañeros deja de ser un punto técnico y se convierte en un juicio. El mismo fragmento visto entre dos funciona muy bien.
  3. Repetir de inmediato. El gesto corregido debe volver a jugarse enseguida, o la corrección se queda en una idea. Vuelve a filmarlo: la comparación antes y después es el único momento en que el vídeo demuestra un progreso en lugar de contarlo.

Y mantén la sesión en movimiento. Si el ejercicio se detiene mientras el entrenador busca su secuencia en la galería, el beneficio se lo come el tiempo perdido; es la razón por la que muchos formadores abandonan tras tres intentos. La corrección útil es la que se encuentra en dos gestos.

Lo que no sustituye

El vídeo de entrenamiento no sustituye ni el ojo ni la demostración. Es bueno en lo que se repite y tarda en cambiar: un apoyo, una colocación, una orientación. Es débil en lo que es rápido y contextual: la velocidad real, la presión de un rival, el cansancio. Para eso sirve filmar un partido, y los dos usos no se sustituyen entre sí.

Un último punto que no es técnico: las reglas sobre la imagen de los jugadores son las mismas en el entrenamiento que en el partido. Una sesión es un lugar privado, pero un fragmento enviado a un jugador menor de edad, o publicado, depende de las mismas autorizaciones. Consulta lo que exige la ley.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo hay que filmar en una sesión?

Dos o tres minutos útiles en total, repartidos en tres ejercicios elegidos de antemano. Filmar la sesión entera produce un archivo que nadie vuelve a abrir y hace imposible la revisión inmediata.

¿Hay que enseñar el vídeo delante de todo el grupo?

No, salvo para un principio colectivo que afecte de verdad a todos. Una corrección individual se enseña al jugador a solas: delante del grupo se recibe como un juicio y produce el efecto contrario al buscado.

¿No rompe esto el ritmo de la sesión?

Si la revisión dura más de un minuto, sí. La regla es enseñar mientras el ejercicio continúa para los demás, nunca parando a todo el mundo.

¿A partir de qué edad sirve la revisión en vídeo?

En cuanto el jugador puede describir lo que acaba de hacer, hacia los diez u once años en la práctica. Antes, la imagen divierte pero no modifica el gesto: la demostración sigue siendo más eficaz.

Por deporte: Fútbol · Balonmano · Tenis

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Encontrar la secuencia en dos gestos

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