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Cómo analizar un partido de fútbol

El partido está filmado, el archivo está ahí y no sabes qué hacer con él. Es el momento en que la mayoría de los clubes se detienen, por falta de un método de lectura más que de herramienta.

· 6 min de lectura

Entrenador delante de una pantalla que muestra un plano general de un partido, con una libreta y un bolígrafo en la mano

Un entrenador que mira su vídeo por primera vez casi siempre hace lo mismo: sigue el balón, revive el partido y sale con las mismas impresiones que en directo. Dos horas para confirmar lo que ya pensaba. El vídeo no sirve de nada mientras no le hagas una pregunta concreta.

Una sola pregunta por visionado

La regla más rentable de todas: decidir antes de darle al play qué buscas, y buscar solo eso. Un tema por semana. El resto se deja pasar, incluso cuando es interesante; si no, sales con quince conclusiones y ninguna sesión modificada.

Tres preguntas cubren lo esencial de un partido de deporte colectivo, y se abordan una tras otra, en tres semanas:

  1. ¿Qué pasa cinco segundos antes de la acción? Los goles, las canastas y las pérdidas de balón se deciden casi siempre antes del momento que recordamos. Retrocede siempre cinco segundos: ahí está la causa.
  2. ¿Qué distancia hay entre las líneas? Mira la separación, no al portador. Un bloque que se estira treinta metros explica más goles encajados que un error individual.
  3. ¿Qué hace el equipo en los seis segundos posteriores a una pérdida de balón? El comportamiento tras la pérdida es lo más fácil de entrenar y lo más visible en la imagen.

Mirar fuera del balón

La información útil casi siempre está donde la cámara no debería mirar: el extremo contrario que no repliega, el pivote que se descuelga demasiado pronto, el defensa que sigue a su rival en vez de mantener su zona. Por eso un plano general fijo vale más que un plano que sigue el juego: un encuadre cerrado corta justo lo que querías ver.

Contar en vez de juzgar

«Perdemos demasiados balones en la salida» es una impresión. «De doce salidas cortas, siete se pierden antes de la línea media» es una constatación, y se puede comprobar la semana siguiente. Contar no tiene nada de sabio: una raya en una hoja por cada vez que ocurre, sobre un solo tema, durante tres partidos seguidos.

Dos precauciones para que la cifra siga siendo honesta: definir lo que se cuenta antes de empezar (¿qué significa exactamente «salida corta»?) y contar mirando el vídeo, nunca de memoria después. La memoria retiene los fallos espectaculares y olvida los aciertos corrientes.

Lo que un vídeo amateur no puede mostrar

Hay que conocer los límites de la imagen de la que dispones; si no, sacas conclusiones falsas con mucha seguridad.

  • La velocidad real. Un plano general aplasta las diferencias de velocidad. Un jugador que parece lento en la imagen puede ser el más rápido del campo.
  • Lo que queda fuera de cuadro. Un jugador que no aparece no está necesariamente mal colocado. No le reproches nunca un posicionamiento que la cámara no filmó.
  • La fatiga y el dolor. Explican buena parte de los errores del final del partido, y la imagen no los muestra. Pregunta antes de afirmar.

Sacar tres clips, no un archivo

Un análisis termina en tres secuencias de diez a quince segundos con una frase cada una, sin documento ni larga lista de observaciones. Tres, porque más allá los jugadores no retienen nada. Y una frase, porque un fragmento que necesita un párrafo de explicación no es el fragmento adecuado.

Mantén un equilibrio: al menos una secuencia de lo que ha funcionado bien. Es lo que hace que el grupo acepte las otras dos. La manera de llevar el momento en sí está detallada en cómo dirigir una sesión de vídeo que los jugadores escuchen.

La trampa del resumen de jugadas

El montaje de los goles y los gestos bonitos es excelente para el club, para las redes y para la moral. Eso no es análisis: un gol suele ser la excepción, justo el momento en que se rompió el desarrollo habitual. Un equipo que solo mira sus goles no aprende nada de lo que pasa los otros ochenta y nueve minutos.

Preguntas frecuentes

¿Hay que ver todo el partido?

No. Una lectura enfocada en un solo tema, con avance rápido entre las secuencias que interesan, lleva de treinta a cuarenta minutos y aporta más que un visionado completo.

¿Cuánto tiempo hay que dedicarle por semana?

Basta con una hora: cuarenta minutos de lectura enfocada y veinte para preparar tres fragmentos. Más allá, el tiempo extra rara vez mejora la sesión que sale de ahí.

¿Hay que mostrar los errores individuales?

Sí, pero de forma individual, y distinguiendo el error de decisión, que se entrena, del error de ejecución, que se repite en el entrenamiento. Delante del grupo solo se muestra lo que afecta al colectivo.

¿Por dónde empezar cuando nunca se ha hecho análisis de vídeo?

Por las jugadas a balón parado o las situaciones de reanudación: son secuencias cortas y repetidas, donde la colocación se corrige al metro y el progreso se ve en dos semanas.

Por deporte: Fútbol · Rugby · Baloncesto

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Tres clips, no un archivo de una hora

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